Porque no sé rezar

No soy una mamá profesional. Me da pena decirlo pero he visto con cierta envidia a esas señoras que con los años se hacen cada vez más diestras en esa labor. Todo su tiempo y su vida dedicadas a sus hijos. Todo mis respetos para ellas. Mismo.

El problema está en que soy egoísta. Sí, soy una mamá egoísta, que esconde de sus hijos sus chocolates preferidos para comérselos sola, lentamente y con el placer que se da el comer escondido.

También soy una mamá que viaja y no lleva a sus niños a parques infantiles. Yo, por el contrario, voy con ellos a los museos e intento explicarles quién es el demonio, Dios, Jesús y María –  y que la mamá de ellos no tiene la misma dedicación de esta última.

Fue así que un día, viajando con mis niños a Ámsterdam, me encontré con ese cuadro de una mujer vieja que rezaba. Así de sencillo. Una vieja que rezaba devotamente antes de cenar. A estas alturas los niños ya dormían en el coche y yo me senté delante de ella para verla mejor. Aunque las arrugas le llegaban hasta la frente y era claro que no tenía dientes, fue la primera vez que reconocí bonita a una mujer llena solamente por encías.

Había en ella un silencio que envidiaba. La gracia que venía de sus ojos cerrados era calmada y al mismo tiempo muy sincera. Ella agradecía evidentemente por la comida – sopa, pescado, papas y pan – pero era más evidente que agradecía por la vida. La sencilla vida que probablemente tenía.

Estábamos en una rutina durísima de viaje. Toda mamá sabe cuán difícil es viajar sola con niños y yo viajaba con una niña de cuatro años y un niño de casi 18 meses. Yo estaba agotada en esos días, en un país extranjero y tratando de comunicarme con lo más extranjero de mi propio país: mis hijos. Todo el día intentaba entretenerlos, consciente de mi egoísmo, de que yo estaba allí, con mis hijos, pero envidiando el silencio y la gratitud de una vieja sin dientes que estaba lista para cenar.

Y como si algo de la mamá profesional en mí se hubiera despertado, desperté a mi hija. “¡Despierta, ven a ver a esa señora, mira cómo reza!”

Ella abrió perezosamente los ojos, visiblemente enojada.

“¿Qué mamá?”

“¡Mira Teresa, mira qué lindo, esta señora rezando antes de cenar!”

 “Pues si es así de lindo ¿por qué nunca lo hacemos nosotros?”

Y se volvió a dormir, mientras yo volvía a ser la mamá egoísta, poco profesional, y, ahora, mal agradecida.

Gracias por traerme de nuevo al piso Nicolaes Maes.

PS: Si piensas en viajar a Ámsterdam vale muchísimo la pena visitar el increíble  RijksMuseu  donde Nicolaes y otros artistas holandeses como Rembrandt están expuestos. Con niños o sin ellos, les dejo la sugerencia… ;D

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