Generación Ponds

Este fin de semana pinté mi cabello por primera vez porque estaba blanco. Ya había hecho esas mechas descoloridas, ombrés, pero por diversión. Esta vez lo hice porque de hecho estaba demasiado blanco. A pesar de que la puerta del baño quedó más pintada que el propio cabello y de la mezcla mal hecha del color, el cabello quedó razonablemente bien. Pero mi cabeza, no.

Pensé en Teresa y en la voluntad desesperada que tiene de ser más grande. Yo también ya fui así, quería ser más grande para que mi diente se cayera, para usar las cosas de mi mamá, quería tener 18 años para conducir, quería muchísimo tener 25, un empleo y vivir sola. Pero en algún punto todo cambió y entonces desde ese momento en adelante sólo me daban ganas de volverme más joven.

Me quedé reflexionando cuándo fue que eso ocurrió, pero no logré encontrar el momento exacto del cambio. Pero comprendí el porqué. En algún momento nosotras nos damos cuenta de que aquella promesa de que uno va a poder hacer lo que quiera cuando crezca, en verdad es más o menos una ilusión. Y es ahí cuando quedamos con ganas de volver en el tiempo, de permanecer jóvenes.

Yo no sé cómo será con ustedes, las que son madres de niñas, pero yo vivo en ese conflicto gigante por aquí. Teresa me ve maquillándome y pregunta la razón. Yo no quiero decir que es para esconder las arruguitas o imperfecciones, entonces digo que es para estar más guapa. Y con sólo decirlo me viene un pesar enorme, porque no quiero que ella desee volverse más grande para sentirse bonita, quiero que ella sepa que es guapa como es; sin embargo, en la práctica, estoy mostrando todo lo contrario.

Me acuerdo de cuando vi, como unos 20 años atrás, esa foto de Sebastião Salgado. Desconfío de que fue más o menos en ese momento que abandoné la idea de querer volverme más grande, porque miré la foto y dije de la nada: “Ella está necesitando de Ponds”.

Mirando ahora la foto, creo que el concepto del Ponds entró de alguna forma en nuestra cabeza, en nuestra sociedad. Miramos con envidia a la generación Z, a los Millenials y con cierta pena a todo lo que está antes de eso.

Y de repente veo ese movimiento maravilloso de las mujeres que están asumiendo el blanco de sus cabellos y cómo siguen lindas. Amadas, sepan que ustedes me regalan una esperanza enorme, no sólo de que en algunos años la puerta de mi baño estará a salvo de mi lío, sino también de que yo voy a salvarme de toda esa tontería. No llegué a ese punto aún, y perdónenme por favor, por decepcionarlas, pero muchísimas gracias por la contribución que están dando al futuro.

P.S.: Si tú no conoces la obra del fotógrafo Sebastião Salgado, hazte un favor y accede a: https://www.amazonasimages.com/ . Vas a comprender el porqué. 
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