El silencio de una casa llena

Si hay una algo que aprendí a gustar es el silencio de una casa llena. ¿Conoces aquel horario en que todos están acostados y caminas por la casa para chequear puertas, cubiertas, coger juguetes que quedaron en el piso? Yo aprendí a amarlo. A veces me veo sentada, muerta de cansancio, pero contemplando solamente todo ese silencio.

Y no es porque todos están durmiendo y “vale, finalmente voy a tener paz”. Al principio era así, no me da pena asumirlo. Pero entonces empecé a descubrir la belleza de ese silencio.

El silencio de una casa llena está hecho de la historia del día, marcado por un instante de vida que quedó impreso en el aire. Él nos hace sentirnos parte de una cosa más grande, de un microcosmos bañado de amor que nos empuja hacia algo más que girar la rueda de la rutina, como un ratoncito de laboratorio.

Él nos recuerda la suerte de tener una historia y poder agregarle una página diariamente. Uno no se da cuenta de cuánto eso es transformador y de cuán transformadores somos nosotros. Yo miro la mesa de la cocina y veo el llanto que gané, la carcajada que perdí, la dancita nueva de la escuela, la reunión importante que salió bien, la actividad de la escuela que va a tomar días para terminar…

Todo es tan sencillo y al mismo tiempo tan enorme. Es el día de cada uno que se celebra ahí, con pasta al pesto, fríjoles cocinados, fruta como postre, bañados con agua natural.

A veces voy a la Estación Central acá en Nueva York solamente para mirar su techo. No puedo negar que el techo súper alto, con el cielo azul marino lleno de estrellas formando los signos del horóscopo, es de una belleza monumental. Pero, lo que más me gusta hacer de verdad es quedarme imaginando qué hace el techo después de que las puertas se cierran y todos se van.

Me gusta imaginar que él también debe quedarse contemplando el silencio de una casa llena aunque no estén todos ahí. Debe quedarse revisitando desde arriba todo el día de una estación de tren, con gente de todo tipo en diferentes situaciones. Él me hace recordar que ser parte de algo de ese tamaño es un honor que no deberíamos perder por la rutina. Al final, si incluso el techo de la Estación Central de Nueva York hace eso, ¡imagínate la importancia que tiene beber de este silencio!

La vida es realmente una cosa de lo más bonita.

P.S.: Si te vas algún día a la ciudad de Nueva York, reserva un tiempo para descubrir no sólo lo que es revelado de una, como el techo, sino también los cantos escondidos que hay en la Estación Central. Es gratis y obligatorio. El sitio enseña la pura noción de historia: la que se construye a diario.  ¡Imperdible! * foto: MTA

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