Ola

Uno, que vive o vivió en el campo, conoce bien el esquema de las olas. Una persona se casa, otros cinco matrimonios llegan de una en la misma época; una casa es robada, cinco más ya están enfrentando al ladrón… Yo me encuentro exactamente en el pico de una ola ahora: la de los bebés. Familia, amigos, amigos de amigos: todo el mundo resolvió encargar un bebé en esos últimos meses.

Es inevitable volver a unas mismas etapas en la propia vida: el nacimiento de otros bebés nos hace reflexionar sobre la propia maternidad. Dentro de esas reflexiones acabé encontrando la gratitud por la maternidad misma. Y eso pasó porque puede ser que la maternidad no me haya convertido en una mujer o mamá mejores, pero me hizo revisar mi papel como hija.

No fui una hija fácil, empecemos por ahí. Pero culpaba mucho a mis padres por eso. Cuando mi primera hija nació, inventé una teoría de que la maternidad es una relación 50/50: 50 % yo siendo la mamá de ella y 50 % ella enseñándome a ser su mamá. Todo pareció bien justo –y menos pesado, convengámoslo– hasta que volví al otro lado de la mesa y me di cuenta de que, ¡caramba!, el 50 % de todo por lo que yo culpaba a mis papás era mi culpa como hija…

La maternidad me enseñó a perdonar, pero, más que eso, me enseñó a pedir perdón, a reconciliarme con mi pasado y a entender mi responsabilidad dentro de él. Cuando nace un hijo, nace también una madre/ un padre. La cosa es automática, diferente para cada hijo y con grandes posibilidades de error. Pensando en eso, terminé ampliando el ejercicio para mis hijos, descubriendo que cada vez que les pido perdón, más allá de disminuir mi cuenta futura, les enseño que yo me equivoco –y mucho– .

El otro día estaba navegando en sitios de arte y encontré el trabajo de Ed Fairburn. Soy una apasionada por la cartografía, pero no había comprendido el motivo por el cual me había gustado tanto su trabajo. Fue cuando, pensando en este post, llegué a la conclusión de que él me hizo ver que uno no es un misterio, que uno ya viene bien dibujado.

Sin embargo, nos gusta esconder los pedazos de vergüenza para hacernos importantes: nadie nunca cuenta que fue un mendigo en regresión. Pero, si quisiéramos realmente transmitirle un gran valor a alguien –especialmente a los hijos–, me parece que un buen comienzo seria ser ejemplo de que hay muchos errores en esa máquina, comprender de dónde viene el error e intentar mejorar. El resto es realmente modo supervivencia –y aquí ya va mi pedido de disculpas a los papás y mamás que acaban de nacer, por la falta de alguna orientación extra–.

PS: La ilustración arriba fue hecha sobre un mapa astrológico, pero Ed Fairburn hace de todo con mapas en general con ríos, montañas, ciudades, etc. Haz clic en el nombre de él, navega en su sitio web y cuéntame si no es un trabajo de locos.
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